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13/06/2021

No hay historias vulgares, sólo narradores vulgares

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  • Clint Eastwood dirige e interpreta Gran Torino
GRAN TORINO 
Calificación: ***1/2

Dirección: Clint Eastwood.
Intérpretes: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her, Brian Haley, Geraldine Hughes, Brian Howe, John Carroll Lynch. 
EEUU. 2008. 118 minutos.


Hay algo en el rostro arrugado, inquisitivo e intimidatorio de Walt Kowalski (el personaje de Clint Eastwood en Gran Torino) que remite en parte al de aquellos pistoleros suicidas, patriotas y ultraconservadores a los que dio vida a lo largo de los setenta y primeros ochenta. Pero, en realidad, las motivaciones de su nuevo personaje están más próximas a la realidad del espectador contemporáneo que a la ficción de Harry Callaghan. 


A Kowalski le pueden la pérdida de valores, la falta de respeto, la desligazón familiar, la soledad de su reciente viudez, el peso de la culpa, las retorcidas consecuencias de una globalización que ha convertido en vecinos suyos a descendientes indirectos de los asiáticos que eliminó en la Guerra de Corea; de hecho, en su corazón ya sólo queda afecto para su vieja perra Daisy y para su Gran Torino, el Ford deportivo del 72 que él mismo ayudó a fabricar y que conserva como una joya de coleccionista en su garaje. 

El Gran Torino fue el deportivo de la clase media americana de los setenta, todo un símbolo que aquí encarna a la perfección la añoranza por un pasado cada vez más lejano para un personaje cuyos ideales, lenguaje y modales siguen siendo los de entonces. Una noche, los jóvenes de una banda asiática pisan su jardín mientras propinan una paliza al hijo de su vecina y sale provisto de su rifle de guerra para poner paz en la trifulca. Al día siguiente, todos los vecinos acuden a su casa con regalos y ofrendas por su actuación. Su marcada vena racista le impide aceptar nada de ellos, pero nuevas amenazas del exterior le llevan a mostrarse más protector, cercano y compasivo hacia los inmigrantes del barrio, en un inesperado giro emocional en el ocaso de su vida. 

A partir de una trama tan simple como evidente, Clint Eastwood demuestra sobre la pantalla que no hay historias vulgares, sino narradores vulgares, y transforma una trama de telefilme en un emotivo relato sobre la soledad y la posible redención, que clausura de forma magistral con un inesperado y auténtico final. Gran Torino no llega a la condición de obra maestra por escaso margen, tal vez el de cierta condescendencia hacia los personajes más simpáticos o el evitable epílogo en el despacho del notario, pero resulta soberbia en la descripción de los dramas personales de los personajes principales hasta extraer del fiel espectador una súplica: no dejes de hacer cine, Clint.


CALIFICACIONES
0 Mala * Mediocre ** Entretenida *** Buena **** Muy buena

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